Al salir del metro todas las mañanas sigo por la acera de la izquierda para bajar por mi calle (que también es la tuya) hacia mi destino. En cuanto veo la esquina en la que se cruzan ambas calles no puedo evitar contar tres pisos con la cabeza y fijarme en la ventana de la derecha, cerrada incluso en verano. Sabiendo que no se abrirá hasta dentro de mucho tiempo, no puedo evitar buscarte con la mirada cuando ando cerca de tu portal. Pero siempre resulta inútil. Aunque sé que te has ido y que ya no hay luz en tu ventana, yo trato de encender la mía para que cuando vuelvas sepas que sigo aquí.
Sin embargo, ambos sabemos que las cosas no ocurrirán así, puesto que nuestros planes de futuro no incluyen al otro aunque siempre tengamos un hueco. A pesar de no formar parte de mis proyectos sería capaz de mantener esa luz encendida hasta verte aparecer por la puerta sin remordimientos ni prohibiciones. Hace tiempo que tengo la puerta entreabierta para oírte llegar y saber que sigues bien. Pero sé que ninguno de los dos se levantará para abrirla o cerrarla porque el saber que el otro sigue cerca siempre es una buena noticia.
Sin embargo ahora, aunque abriera mi puerta y dejara mi luz encendida, no sabrías que sigo bien, y lo que más me asusta es que no eches de menos mi luz, que te acostumbres a dormir con la puerta cerrada y que ya no haya más luz en tu ventana.
Thursday, July 22, 2010
Tuesday, July 20, 2010
sonrisa diplomática
Volverás a aparecer con tu maleta azul y yo estaré esperando, viendo ese caminar tan tuyo con el ligero arqueo de tus piernas que andan con prisa para encontrarme. Esta vez, y desde hace ya tiempo, la maleta azul no llevará nada de lo que llevaba antes; esta vez únicamente estará repleta de ropa y otras cosas materiales útiles para pasar unos días fuera de casa. Parece que no queda sitio para recuerdos bellos porque se esfumaron. Tampoco caben las canciones, las miradas, las mariposas en el estómago ni la caja de madera pequeña que contenía aquel sentimiento puro, blanco, dulce y brillante como el azúcar que tanto me había amargado años atrás. Nada de esto entrará en tu maleta porque ambos nos encargamos de enterrarlo: eso de sentir que no controlamos la situación nos incomoda a los dos.
Por eso hemos pasado de ser dos cajitas de azúcar intercambiadas y guardadas como tesoros, a ser un trámite, una espera a que tiempos mejores nos vuelvan a traer esas cajitas. Sin embargo este trámite es cada vez más inútil si tenemos en cuenta que nadie nos va a traer esos recuerdos y esa indondiconalidad mutua porque ya no la precisamos. El azúcar siempre se acaba pudriendo porque la distancia no entiende de cuidado ni de cariño. A cada viaje de avión se nos pierde una parte del equipaje que llevamos hasta que los trayectos nos despojan de la ilusión del primer día y nos dejan como meros autómatas que siguen sonriendo al ver la cara del otro por costumbre y porque el miedo a no sentirse querido es mayor de la desgana.
A pesar de la situación, prefiero agotar todas las reservas de cariño que siento por ti y todos los te quiero que puedan salir de mi boca porque, si los guardara después de decirte adiós, se podrirían hasta gangrenarme la sonrisa y apagar esas dos estrellas que tú devolviste a mi cara después de una muerte prematura de mi felicidad.
Por eso prefiero sonreír porque toca antes que no querer hacerlo en mucho tiempo, así, esa sonrisa "diplomática" se gastará hasta no necesitarla nunca más y entonces ni tu maleta ni la mía perderán nada más en ningún viaje porque ya no llevarán nada.
Por eso hemos pasado de ser dos cajitas de azúcar intercambiadas y guardadas como tesoros, a ser un trámite, una espera a que tiempos mejores nos vuelvan a traer esas cajitas. Sin embargo este trámite es cada vez más inútil si tenemos en cuenta que nadie nos va a traer esos recuerdos y esa indondiconalidad mutua porque ya no la precisamos. El azúcar siempre se acaba pudriendo porque la distancia no entiende de cuidado ni de cariño. A cada viaje de avión se nos pierde una parte del equipaje que llevamos hasta que los trayectos nos despojan de la ilusión del primer día y nos dejan como meros autómatas que siguen sonriendo al ver la cara del otro por costumbre y porque el miedo a no sentirse querido es mayor de la desgana.
A pesar de la situación, prefiero agotar todas las reservas de cariño que siento por ti y todos los te quiero que puedan salir de mi boca porque, si los guardara después de decirte adiós, se podrirían hasta gangrenarme la sonrisa y apagar esas dos estrellas que tú devolviste a mi cara después de una muerte prematura de mi felicidad.
Por eso prefiero sonreír porque toca antes que no querer hacerlo en mucho tiempo, así, esa sonrisa "diplomática" se gastará hasta no necesitarla nunca más y entonces ni tu maleta ni la mía perderán nada más en ningún viaje porque ya no llevarán nada.
Wednesday, March 31, 2010
una rosa y un libro
La última vez que tuve valor de mirarte a la cara con sonrisa de enamorada fue hace mucho tiempo. Hicimos una pequeña tregua por ser un día importante para los dos. Nos dijimos tantas palabras bonitas en esa tregua, que de vez en cuando las recuerdo para convencerme de que no fuimos tan malos.
Recuerdo que el sol me quemó un poco las mejillas y me dio un color rosado permanente que permitía disimular mi timidez al sonreirte. Paseamos por los rincones más bellos a modo de despedida. Aquélla fue la última vez que vimos el mar juntos, fue la última vez que nos dejamos llevar sin arrepentirnos, siempre a modo de despedida. Disfruté cada segundo y le pedí mil veces al tiempo que hiciera la vista gorda con nosotros, que me regalara un día eterno. El día me lo regaló a mí, pero solo duró 24 horas. Sin embargo, me envolvió con un lacito un momento eterno: tu sonrisa al ver tu historia (nuestra, si me permites) escrita en papel.
Cuando tuve que tirarte a la basura me quedé con ese recuerdo y lo he protegido de todos los agentes externos dañinos. Por eso, ahora que se acerca el día mágico, el último de los nuestros, quiero compartir contigo lo único que me queda de aquellos días en que las despedidas eran tragedias y los amaneceres se llamaban como tú. Te devuelvo esa sonrisa, una rosa y un libro.
Recuerdo que el sol me quemó un poco las mejillas y me dio un color rosado permanente que permitía disimular mi timidez al sonreirte. Paseamos por los rincones más bellos a modo de despedida. Aquélla fue la última vez que vimos el mar juntos, fue la última vez que nos dejamos llevar sin arrepentirnos, siempre a modo de despedida. Disfruté cada segundo y le pedí mil veces al tiempo que hiciera la vista gorda con nosotros, que me regalara un día eterno. El día me lo regaló a mí, pero solo duró 24 horas. Sin embargo, me envolvió con un lacito un momento eterno: tu sonrisa al ver tu historia (nuestra, si me permites) escrita en papel.
Cuando tuve que tirarte a la basura me quedé con ese recuerdo y lo he protegido de todos los agentes externos dañinos. Por eso, ahora que se acerca el día mágico, el último de los nuestros, quiero compartir contigo lo único que me queda de aquellos días en que las despedidas eran tragedias y los amaneceres se llamaban como tú. Te devuelvo esa sonrisa, una rosa y un libro.
Sunday, March 28, 2010
Aparecerás por la puerta con una maleta pequeña y azul. Me verás esperando y te darás prisa en cruzar el pasillo y no dejarás de sonreír. Cuando camines rápido se apreciará una cierta separación entre tus piernas, característica de tus andares con prisa. Dejarás la maleta en el suelo y me abrazarás y susurrarás un "hola, niña" y yo me dejaré abrazar por tus manitas suaves. Luego nos lo contaremos todo y no nos soltaremos de la mano hasta el día que te vayas.
No querría que nada de esto cambiara porque al salir tú por la puerta de las "arrivals" siempre traes el mismo regalo para mí: la sonrisa que te regalé la última vez que te vi: me la devuelves por unos días y cuando te vas te la vuelvo a regalar porque sé que tú cuidas de ella mejor que yo; así me aseguro de no perderla nunca.
A veces, cuando estoy triste y tú no estás me la dejas oír por teléfono y se me pega a mí también. Me quita los dolores de cabeza y me hace tener ganas de reír y de salir por ahí. Por eso te la di: porque tú la administras mejor que yo y la usas cuando es necesario.
Este jueves la traerás envuelta como siempre en una capa aterciopelada de tipo duro y de un color más bien blanco. La mantendrás bien cerrada para que no salga sin motivo y cuando me abraces saldrá sola y volverá a mí, y se quedará durante unos días para que aprenda a recordarte con ella puesta y sin nostalgia.
No querría que nada de esto cambiara porque al salir tú por la puerta de las "arrivals" siempre traes el mismo regalo para mí: la sonrisa que te regalé la última vez que te vi: me la devuelves por unos días y cuando te vas te la vuelvo a regalar porque sé que tú cuidas de ella mejor que yo; así me aseguro de no perderla nunca.
A veces, cuando estoy triste y tú no estás me la dejas oír por teléfono y se me pega a mí también. Me quita los dolores de cabeza y me hace tener ganas de reír y de salir por ahí. Por eso te la di: porque tú la administras mejor que yo y la usas cuando es necesario.
Este jueves la traerás envuelta como siempre en una capa aterciopelada de tipo duro y de un color más bien blanco. La mantendrás bien cerrada para que no salga sin motivo y cuando me abraces saldrá sola y volverá a mí, y se quedará durante unos días para que aprenda a recordarte con ella puesta y sin nostalgia.
Friday, March 12, 2010
T'enyor
Un bon dia vas deixar de ser.
Ni tan sols un bell somriure,
ni tan sols un mal record.
Fins i tot la teva cendra havia deixat de ser pols.
Ja no quedaven balls per robar
ni tan sols ens quedava rencor.
Va ser la indiferència qui et va deixar marxar.
De cop, vas deixar de ser.
I només tornaves a ser el record d'un bell record,
una punxada dolça de tant en tant
i algun matí agredolç.
I avui, sense pensar-hi gaire
sense motiu aparent;
avui, de cop i volta,
un somriure dolç
i un bell record:
t'enyor.
Ni tan sols un bell somriure,
ni tan sols un mal record.
Fins i tot la teva cendra havia deixat de ser pols.
Ja no quedaven balls per robar
ni tan sols ens quedava rencor.
Va ser la indiferència qui et va deixar marxar.
De cop, vas deixar de ser.
I només tornaves a ser el record d'un bell record,
una punxada dolça de tant en tant
i algun matí agredolç.
I avui, sense pensar-hi gaire
sense motiu aparent;
avui, de cop i volta,
un somriure dolç
i un bell record:
t'enyor.
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