Me despierta el dolor en el brazo izquierdo. Te has dormido encima de él. Para no despertarte me aparto un poco con mucho cuidado. Me doy cuenta de que tu respiración es lenta y estás muy relajado. Sonrío; te sonrío aunque no me veas.
Mientras te acaricio el pelo me doy cuenta de que tu respiración me calma. Así que vuelvo a pegarme a ti y te abrazo. ¡Se te ve tan tranquilo! Y aunque no pueda dormirme más porque no sé tenerte al lado sin ponerme nerviosa, apoyo la cabeza en tu espalda y sigo tu respiración y me relajo yo también.
Escuchar tu respiración no es lo primero que yo habría imaginado contigo pero, sin embargo, ahora es lo que me hace sonreír. Mientras observo como se te pone la piel de gallina al mismo tiempo que te acaricio la espalda, parece que sale del rincón donde se escondía, mi sonrisa más sincera y vuelve conmigo después de tanto tiempo temiendo salir. Y es en ese momento que te abrazo un poco más fuerte y tú, desde el sueño en el que te encuentras buscas mi mano para asegurarte de que estoy allí; y claro que estoy...
Saber que me buscabas la mano en sueños despierta el brillo de mis ojos que se había marchado después del último golpe. Y ahora, al ver que la sonrisa ha vuelto a mi, esas dos estrellitas salen de debajo de la cama y suben por las sábanas hasta llegar a mis ojos.
Y mientrastanto tú, ajeno a todo me coges la mano y... duermes.
Monday, August 10, 2009
Subscribe to:
Comments (Atom)
