Seguramente haya menos estrellas en el universo que textos que tu has inspirado en mi. Y seguramente en mucho tiempo no haya existido para mi una inspiración como la tuya, que me hace imaginar lo inimaginable y que campa a sus anchas por los rincones más pequeños de mi mente.
Yo te perseguí dentro de mi para encerrarte y que no volvieras a salir, y aunque lo conseguí casi totalmente, ayer alguien abrió la caja en la que estabas encerrado y saliste de mi caja de Pandora arrasando con todo. Tiraste al suelo mil sueños nuevos, construidos después de que tu recuerdo no me dejara edificarlos.
Dejé que el poderoso huracán sacara todo el azúcar brillante que gardaba contigo en la caja, y dejé me me impregnara el aire frío de tu recuerdo tirste y el aire cálido y dulce del recurdo de tus ojos brillantes. Permití que el recuerdo de tus caricias brotara de mi piel y lo recibí repetidas veces... Y tan real era todo, que parecía que estuvieras delante mío de nuevo. Y la imaginación volvió a volar, imaginando lo inimaginable y campando a sus anchas por los rincones más pequeños de mi mente.
Pensé que si había conseguido encerrarte, y había conseguido calmar los huracanes de mi caja de Pandora, no tenía motivo de volver a removerlo todo, porque al fin y al cabo, me costó Dios y ayuda mantenerte encerrado, haciendo que sólo vieras la luz cuando quería comprobar si aún seguías allí tú y el azúcar blanco y puro que llevas siempre contigo en mis recuerdos.
Pero luego pensé que, después de comprobar que aún existías en mi mente y acordarme de ti de vez en cuando, no podía dejar pasar la oportunidad de complacer al viento huracando dulce, la corriente de aire cálido que emana de tus labios, y no podía no vovler a mirarte a los ojos, aunque sólo fuera para que tú te llevaras esa caja, que como siempre te he dicho, te contiene a ti, al azúcar y todas las sonrisas que te regalé, todas la lágrimas que te brindé, y todos los espacios de mi cama que te dejé.
Yo te perseguí dentro de mi para encerrarte y que no volvieras a salir, y aunque lo conseguí casi totalmente, ayer alguien abrió la caja en la que estabas encerrado y saliste de mi caja de Pandora arrasando con todo. Tiraste al suelo mil sueños nuevos, construidos después de que tu recuerdo no me dejara edificarlos.
Dejé que el poderoso huracán sacara todo el azúcar brillante que gardaba contigo en la caja, y dejé me me impregnara el aire frío de tu recuerdo tirste y el aire cálido y dulce del recurdo de tus ojos brillantes. Permití que el recuerdo de tus caricias brotara de mi piel y lo recibí repetidas veces... Y tan real era todo, que parecía que estuvieras delante mío de nuevo. Y la imaginación volvió a volar, imaginando lo inimaginable y campando a sus anchas por los rincones más pequeños de mi mente.
Pensé que si había conseguido encerrarte, y había conseguido calmar los huracanes de mi caja de Pandora, no tenía motivo de volver a removerlo todo, porque al fin y al cabo, me costó Dios y ayuda mantenerte encerrado, haciendo que sólo vieras la luz cuando quería comprobar si aún seguías allí tú y el azúcar blanco y puro que llevas siempre contigo en mis recuerdos.
Pero luego pensé que, después de comprobar que aún existías en mi mente y acordarme de ti de vez en cuando, no podía dejar pasar la oportunidad de complacer al viento huracando dulce, la corriente de aire cálido que emana de tus labios, y no podía no vovler a mirarte a los ojos, aunque sólo fuera para que tú te llevaras esa caja, que como siempre te he dicho, te contiene a ti, al azúcar y todas las sonrisas que te regalé, todas la lágrimas que te brindé, y todos los espacios de mi cama que te dejé.
