Cuando, dentro de unos meses, nos encontremos por casualidad en la esquina de tu casa, sonreiremos, nos contaremos un par de cosas de nuestras experiencias fuera de Barcelona y seguiremos con nuestro camino como si nada hubiera pasado. Sabes tan bien como yo que al llegar a casa, ese encuentro nos hará pensar, aunque sean unos segundos, en el otro. Como siempre, no dejaremos nuestra rutina ni nuestra vida por hacerle un hueco al otro, pues esta es la gracia de nuestra historia, estar ahí sin tener un sitio fijo: irnos, volver, besarnos a escondidas y despertanos a la mañana siguiente como si nada hubiera ocurrido.
Sin embargo, habrá un día en que todo esto terminará, por eso valoro ese último beso en el parque, porque no sé si habrá otro. En cuanto eso ocurra, dejarás de deambular libremente por mis pensamientos y te quedarás con los recuerdos más bellos. No te preocupes: no habrá polvo en esa habitación, ni vida ni luz ni nada más que bellos recuerdos que deben quedar inmaculados, tal y como sucedieron en su día, sin enturbiarse lo más mínimo. En esa habitación habrá una Barcelona de noche y de verano, una Barcelona adolescente y un trozo de Londres soleado. También meteré las ganas que un día tuve de cruzar el límite de los sentimientos: esa pequeña muralla que tenía que ser una barrera de seguridad y que terminó siendo una tentación, un juego peligroso en el que tenía un pie en cada lado y que me permitía sentir sin decírselo a nadie.
Ese es tu destino. Aunque volvamos a vernos y a jugar a no sentir sintiendo, solo añadiré Barcelonas a tus recuerdos.
Wednesday, March 09, 2011
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