Friday, July 29, 2011

ganas de ti

Salgo del metro y me planto en el centro del país. Turistas por todas partes buscan la típica España. Hago caso ajeno y sigo mi camino. Ese gran neón de publicidad conocido por todos queda a mi espalda y las calles comerciales, a mi derecha. Camino como si estuviera en mi casa. Sé lo que encontraré en cada momento y en cada lugar. Un restaurante de comida rápida a la izquierda, varias tiendas de souvenirs a los dos lados, un museo del jamón a la derecha y un señor vestido de torero cerca de la tienda de chocolates belgas.

Luego, un arco presenta una pequeña parte de ese bello lugar histórico que consigue embelesarme. Lo atravieso embobada mientras dejo de oír las voces de los turistas, llegados de lugares diferentes. Y ahí, en mitad de los restaurantes para turistas, de los bufones y estatuas que entretienen a los que pagan, me encuentro yo: callada pero con la boca abierta, con los ojos empañados de recuerdos y ese color granate por todas partes. Miro las caras de todos los que están cerca de mi. Ninguno eres tú.

Algo me impide caminar y dejar este lugar mágico. Me resulta encantador encontrar la paz en mitad de tanto jaleo y me duele no verte entre tanta gente. Dejo atrás tan bella plaza y me dirijo al mercado que está justo al lado. También te busco ahí; en vano. El calor del verano, las terrazas repletas de gente hablando alto y los culitos de cerveza encajan perfectamente en esa pequeña plaza. Y tú, sigues sin aparecer.

Dejo el mercado y el jaleo de media tarde y llego a una calle peatonal llena de tiendas. ¡Cuántas veces hamos pasado por aquí! Te busco aquí con más ahínco pero sigues sin aparecer. Me cansa esta ciudad sin ti. Bajo las escaleras del metro, línea 5. Quiero perderme entre la gente. Busco una calle ancha llena de turistas y gente: una Gran Vía. Salgo del metro y me pongo a mirar escaparates, con la ropa olvido que te busco y que tengo ganas de verte aunque no sé qué decir. Me pruebo cuatro tonterías sin comprar nada. Dejo los cines a mi espalda. A mi derecha, la calle de las putas.

Andando a paso ligero me presento bajo la bella victoria alada que vigila el hermoso cruce de dos de las arterias del centro. A la derecha un círculo, viejo conocido, con la gran Atenea velando por el cielo de Madrid. Delante, una pequeña representación de mi casa. Y a la izquierda un imponente pero hermoso Instituto Cervantes. Después de unos cuantos pasos, un enorme edificio de correos que no consigue hacer sombra a la diosa más castiza. Una avenida hacia el sur con mucho arte; otra hacia el norte, repleta de recuerdos.

Me entra la nostalgia. Te siento, te recuerdo en cada rincón, pero no te veo por ningún lado. Entre la decepción y la añoranza, me dirijo hacia esa puerta que ve pasar el tiempo y me acerco al parque. Voy a sentarme y a echarte de menos bajo la sombra de un árbol. Sienta muy bien esconderme detrás de un libro y no ver nada más que nuestros cuerpos tumbados en el césped de este mismo parque, hace mucho tiempo. Me levanto harta de la lectura y busco más recuerdos. Un bucólico palacio de cristal lleno de parejitas y familias me recuerda a ti. Te busco con la mirada entre la gente, pero sigues sin aparecer.

No dejo de buscarte en todas partes pero no tengo valor para encontrarte porque temo tener ganas de ti, ahora que ya no estás. Madrid es solo una ciudad si tú no estás y un paseo en soledad buscándote me deja sin ganas de seguir andando. Me siento en el césped y, aunque no estás, tengo ganas de ti.

Wednesday, May 25, 2011

Poitiers

Tal vez sean las noches de calor insoportable o los mosquitos, que aquí pican más. Quizás se trate de la contaminación y la monotonía de mi vida sin ti. No sé qué es lo que hace que de repente me sienta extraña en mi casa y bien en tu recuerdo. Lo cierto es que me molesta el ruido de mi ciudad natal, prefiero tu silencio y tus formas abruptas sin mar. Echo de menos caminar y llegar a algún lado, oír los susurros de tu gente, que de tan civilizada que es, a penas levanta el tono de voz.

Tal vez lo que más me impresiona de ti es tu dulce hostilidad: si fueras una persona, serías una mujer bella con carácter que no se deja toser por nadie y por eso me gustas. Eres fría en invierno y me derrites en primavera, abrupta y difícil de pasear, pero bella a más no poder. Por eso me encantaba descubrirte, ver como te vaciabas con la nieve y como te disfrutábamos con el sol.

Recuerdo con especial cariño tus colores otoñales: fueron 3 semanas de moisaicos rojizos y anaranjados que acompañaban tus frías aguas. Recuerdo también los domingos desiertos en la plaza buscando algo que hacer o las noches de fiesta: siempre el mismo bar y la misma gente. Eso hizo que tú fueras mi casa y que ellos fueran mi familia.

Volvería sin pensarlo dos veces a tus cuestas, a tus casitas de colores y a tus calles desiertas. Daría mis ganas de sonreír por poder habitarte de nuevo porque sé que no podría ser infeliz en tu regazo ducle, frío y hostil. Te pasearía hasta que me aburrieras y me quedaría contigo porque tú haces que me sienta en casa. Y aunque no tengas mar, ni metro ni ruido excesivo, eres más bella que cualquier otra.

Wednesday, March 09, 2011

Barcelona+tú

Cuando, dentro de unos meses, nos encontremos por casualidad en la esquina de tu casa, sonreiremos, nos contaremos un par de cosas de nuestras experiencias fuera de Barcelona y seguiremos con nuestro camino como si nada hubiera pasado. Sabes tan bien como yo que al llegar a casa, ese encuentro nos hará pensar, aunque sean unos segundos, en el otro. Como siempre, no dejaremos nuestra rutina ni nuestra vida por hacerle un hueco al otro, pues esta es la gracia de nuestra historia, estar ahí sin tener un sitio fijo: irnos, volver, besarnos a escondidas y despertanos a la mañana siguiente como si nada hubiera ocurrido.

Sin embargo, habrá un día en que todo esto terminará, por eso valoro ese último beso en el parque, porque no sé si habrá otro. En cuanto eso ocurra, dejarás de deambular libremente por mis pensamientos y te quedarás con los recuerdos más bellos. No te preocupes: no habrá polvo en esa habitación, ni vida ni luz ni nada más que bellos recuerdos que deben quedar inmaculados, tal y como sucedieron en su día, sin enturbiarse lo más mínimo. En esa habitación habrá una Barcelona de noche y de verano, una Barcelona adolescente y un trozo de Londres soleado. También meteré las ganas que un día tuve de cruzar el límite de los sentimientos: esa pequeña muralla que tenía que ser una barrera de seguridad y que terminó siendo una tentación, un juego peligroso en el que tenía un pie en cada lado y que me permitía sentir sin decírselo a nadie.

Ese es tu destino. Aunque volvamos a vernos y a jugar a no sentir sintiendo, solo añadiré Barcelonas a tus recuerdos.

Wednesday, February 16, 2011

Com en una pel·lícula francesa, ella s'esperava a l'estació de tren amb una maleta vermella. Havia passat dues hores de nervis i pensava com li havia canviat la vida des de l'últim cop que va ser en aquella estació de tren. Ara, mentre prenia un cafè al bar de l'estació, repassava els moments més significatius d'aquells dos anys que havia passat sense veure'l. No sabia què dir-li quan es veiéssin, però potser tampoc no caldrien paraules. Recordava com es desfeia amb aquells ulls blaus quan la miraven i ara li feia por recaure-hi. No volia que li suessin les mans ni que se li accelerés el pols però ja era massa tard. Ara no podia fugir: havia canviat de país per veure'l i no podia amagar-se'n.

Va començar a jugar amb el paper del sucre que li havien donat amb el cafè. Això sí que no havia canviat: un cafè amb llet i dos sobrets de sucre. Fregava les parts rugoses dels sobrets amb els ditets d'una mà d'adolescent, malgrat la seva edat, una mania molt típica d'ella, aquesta de jugar amb els paperets del sucre. Mirava impacient el rellotge i feia veure que llegia una novel·la de la Segona Guerra Mundial per a centrar-se en els nervis dels altres i no en els seus, però el cert era que no savia què llegia des de feia sis pàgines. Encara quedaven cinc minuts per a què arribés el tren on viatjaven els ulls blaus que la feien tremolar. Va pagar el cafè i va sortir del bar de l'estació amb la maleta i l'abric negre a la mà.

No s'havia atrevit a vestir-se amb roba de colors vius com feia abans. Malgrat haver-se aprimat, la vergonya i les ganes de passar desapercebuda la feien vestir-se de negre i de gris. Tampoc no anava maquillada perquè sabia que ell ho apreciaria com ningú no ho havia fet mai i li diria: "m'encata que no et maquillis, estàs preciosa". Es va deixar anar els cabells llargs i lleugerament ondulats que li quedaven una mica més avall de les espatlles; això també ho notaria i també li ho agrairia. Encara que haguessin passat dos anys de silencis, tot seguia al seu lloc, amb una mica de pols i amb olor de golfes velles i fosques, però res no havia canviat. Ho sabia perquè quan van tornar a parlar, semblava que no hagués passat el temps.

Després d'uns mesos xerrant per videoconferència van decidir tornar-se a veure, però no van especificar amb quin motiu. En qualsevol cas, tots dos van accedir a veure's en una ciutat que no els era desconeguda: Orleans, meitat de camí per a tots dos. Estarien en hotels diferents i amb diferents obligacions que només els permetrien coincidir durant el vespre i la nit. Així ho havien decidit tots dos.

Ella va començar a mossegar-se les ungles amb certa ansietat quan el va veure de lluny, una mica desorientat per tota la gent que sortia i entrava del tren. I en aquell moment se'n va adonar: el temps no havia passat per a cap dels dos. Ell tenia una actitud nerviosa, com la seva i en aquell moment ella va pensar que mai no havia deixat d'estimar-lo. Va alçar la mà perquè ell la pugués veure, i en trobar-se amb aquells ulls blaus, va dibuixar un somriure que ell va correspondre al cap de dos segons. Amb una abraçada n'hi va haver prou per comprendre que cap dels dos havia llençat els records de l'altre i que tots seguien allà amb olor de golfes velles i plens de pols, però alguna cosa els deia que aviat treurien la pols als sentiments.

- Què guapo que estàs! No ha passat el temps per a tu!
- I tu no t'has maquillat! M'encata que no et maquillis, estàs preciosa.