Tal vez sean las noches de calor insoportable o los mosquitos, que aquí pican más. Quizás se trate de la contaminación y la monotonía de mi vida sin ti. No sé qué es lo que hace que de repente me sienta extraña en mi casa y bien en tu recuerdo. Lo cierto es que me molesta el ruido de mi ciudad natal, prefiero tu silencio y tus formas abruptas sin mar. Echo de menos caminar y llegar a algún lado, oír los susurros de tu gente, que de tan civilizada que es, a penas levanta el tono de voz.
Tal vez lo que más me impresiona de ti es tu dulce hostilidad: si fueras una persona, serías una mujer bella con carácter que no se deja toser por nadie y por eso me gustas. Eres fría en invierno y me derrites en primavera, abrupta y difícil de pasear, pero bella a más no poder. Por eso me encantaba descubrirte, ver como te vaciabas con la nieve y como te disfrutábamos con el sol.
Recuerdo con especial cariño tus colores otoñales: fueron 3 semanas de moisaicos rojizos y anaranjados que acompañaban tus frías aguas. Recuerdo también los domingos desiertos en la plaza buscando algo que hacer o las noches de fiesta: siempre el mismo bar y la misma gente. Eso hizo que tú fueras mi casa y que ellos fueran mi familia.
Volvería sin pensarlo dos veces a tus cuestas, a tus casitas de colores y a tus calles desiertas. Daría mis ganas de sonreír por poder habitarte de nuevo porque sé que no podría ser infeliz en tu regazo ducle, frío y hostil. Te pasearía hasta que me aburrieras y me quedaría contigo porque tú haces que me sienta en casa. Y aunque no tengas mar, ni metro ni ruido excesivo, eres más bella que cualquier otra.
Tal vez lo que más me impresiona de ti es tu dulce hostilidad: si fueras una persona, serías una mujer bella con carácter que no se deja toser por nadie y por eso me gustas. Eres fría en invierno y me derrites en primavera, abrupta y difícil de pasear, pero bella a más no poder. Por eso me encantaba descubrirte, ver como te vaciabas con la nieve y como te disfrutábamos con el sol.
Recuerdo con especial cariño tus colores otoñales: fueron 3 semanas de moisaicos rojizos y anaranjados que acompañaban tus frías aguas. Recuerdo también los domingos desiertos en la plaza buscando algo que hacer o las noches de fiesta: siempre el mismo bar y la misma gente. Eso hizo que tú fueras mi casa y que ellos fueran mi familia.
Volvería sin pensarlo dos veces a tus cuestas, a tus casitas de colores y a tus calles desiertas. Daría mis ganas de sonreír por poder habitarte de nuevo porque sé que no podría ser infeliz en tu regazo ducle, frío y hostil. Te pasearía hasta que me aburrieras y me quedaría contigo porque tú haces que me sienta en casa. Y aunque no tengas mar, ni metro ni ruido excesivo, eres más bella que cualquier otra.
