La última vez que tuve valor de mirarte a la cara con sonrisa de enamorada fue hace mucho tiempo. Hicimos una pequeña tregua por ser un día importante para los dos. Nos dijimos tantas palabras bonitas en esa tregua, que de vez en cuando las recuerdo para convencerme de que no fuimos tan malos.
Recuerdo que el sol me quemó un poco las mejillas y me dio un color rosado permanente que permitía disimular mi timidez al sonreirte. Paseamos por los rincones más bellos a modo de despedida. Aquélla fue la última vez que vimos el mar juntos, fue la última vez que nos dejamos llevar sin arrepentirnos, siempre a modo de despedida. Disfruté cada segundo y le pedí mil veces al tiempo que hiciera la vista gorda con nosotros, que me regalara un día eterno. El día me lo regaló a mí, pero solo duró 24 horas. Sin embargo, me envolvió con un lacito un momento eterno: tu sonrisa al ver tu historia (nuestra, si me permites) escrita en papel.
Cuando tuve que tirarte a la basura me quedé con ese recuerdo y lo he protegido de todos los agentes externos dañinos. Por eso, ahora que se acerca el día mágico, el último de los nuestros, quiero compartir contigo lo único que me queda de aquellos días en que las despedidas eran tragedias y los amaneceres se llamaban como tú. Te devuelvo esa sonrisa, una rosa y un libro.
Recuerdo que el sol me quemó un poco las mejillas y me dio un color rosado permanente que permitía disimular mi timidez al sonreirte. Paseamos por los rincones más bellos a modo de despedida. Aquélla fue la última vez que vimos el mar juntos, fue la última vez que nos dejamos llevar sin arrepentirnos, siempre a modo de despedida. Disfruté cada segundo y le pedí mil veces al tiempo que hiciera la vista gorda con nosotros, que me regalara un día eterno. El día me lo regaló a mí, pero solo duró 24 horas. Sin embargo, me envolvió con un lacito un momento eterno: tu sonrisa al ver tu historia (nuestra, si me permites) escrita en papel.
Cuando tuve que tirarte a la basura me quedé con ese recuerdo y lo he protegido de todos los agentes externos dañinos. Por eso, ahora que se acerca el día mágico, el último de los nuestros, quiero compartir contigo lo único que me queda de aquellos días en que las despedidas eran tragedias y los amaneceres se llamaban como tú. Te devuelvo esa sonrisa, una rosa y un libro.

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