Sunday, March 28, 2010

Aparecerás por la puerta con una maleta pequeña y azul. Me verás esperando y te darás prisa en cruzar el pasillo y no dejarás de sonreír. Cuando camines rápido se apreciará una cierta separación entre tus piernas, característica de tus andares con prisa. Dejarás la maleta en el suelo y me abrazarás y susurrarás un "hola, niña" y yo me dejaré abrazar por tus manitas suaves. Luego nos lo contaremos todo y no nos soltaremos de la mano hasta el día que te vayas.

No querría que nada de esto cambiara porque al salir tú por la puerta de las "arrivals" siempre traes el mismo regalo para mí: la sonrisa que te regalé la última vez que te vi: me la devuelves por unos días y cuando te vas te la vuelvo a regalar porque sé que tú cuidas de ella mejor que yo; así me aseguro de no perderla nunca.

A veces, cuando estoy triste y tú no estás me la dejas oír por teléfono y se me pega a mí también. Me quita los dolores de cabeza y me hace tener ganas de reír y de salir por ahí. Por eso te la di: porque tú la administras mejor que yo y la usas cuando es necesario.

Este jueves la traerás envuelta como siempre en una capa aterciopelada de tipo duro y de un color más bien blanco. La mantendrás bien cerrada para que no salga sin motivo y cuando me abraces saldrá sola y volverá a mí, y se quedará durante unos días para que aprenda a recordarte con ella puesta y sin nostalgia.

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