Thursday, March 08, 2012

ya nos veremos

Me despiertan los turistas madrugadores que pierden el avión. Trajín en el pasillo y voces desconocidas. Te oigo respirar y recuerdo dónde estoy y cómo llegué aquí. Duermes plácidamente a unos centímetros de mí. A pesar de conocerte desde hace tiempo, nunca te había tenido así, durmiendo a mi lado. No puedo verte, pues es de noche y no hay nada de luz, pero te oigo y sonrío.

Me pongo a pensar en todo lo que nos ha llevado a compartir habitación, cama, secretos y algún que otro sentimiento. Son seis años de un no sé qué, que solo ha hecho que aumentar hasta traernos a este lugar. Me doy cuenta de que nunca llegaste a entrar, pero nunca te fuiste del todo: te quedaste ahí, en una especie de limbo entre el sí y el no del que nunca te has movido.

Tengo ganas de acariciarte pero me da miedo despertarte. Te miro y vuelvo a sonreír. Me descubro a mí misma sonriendo como una tonta al ver que duermes junto a mí. Me gustaría tener derecho a estar entre tus brazos sin ningún pero y no quedarme en la cama de al lado porque conmigo no es necesario el romanticismo. Desearía poder escuchar tus buenos días sin que fuera la última vez.

Sí, es la última vez que esto ocurrirá. Así que no quiero olvidar que tus primeras palabras al abrir los ojos son solo para mí. Y aunque sea solamente por esto, ya merece la pena este encuentro, que acabará con un “ya nos veremos” tan indefinido, que me quema por dentro.

Se intensifica el ruido y te despiertas. Quiero abrazarte y darte los buenos días. En un acto inconsciente de valentía te pido que me hagas un hueco y me abrazo a ti. Y por un momento siento que nada malo puede pasarme si me abrazo a ti y saboreo cada segundo que mi cuerpo toca el tuyo para no perder detalle de esto cuando lo recuerde. Me vuelvo a dormir, esta vez entre tus brazos y oigo como sueñas, como lates y como respiras.

Tantas veces deseé que llegara este momento que ahora solo quiero que se pare el tiempo y que estas horas de locura prohibida sean eternas. Por eso me cuesta salir de la cama cuando me dices que tienes tantas cosas que hacer. Me levanto de un salto a pesar de mi cansancio y me visto como si nada hubiera pasado, como si no fuera la mujer más feliz de la tierra. Me maquillo y nos vamos a desayunar.

¡Qué curiosa escena! Dos cafés, dos pastas, dos periódicos y silencio. Sin entender muy bien por qué, los últimos minutos de nuestra “última vez”, me relajo leyendo el periódico delante de ti, como si esto sucediera a menudo; y me siento increíblemente cómoda hasta que tenemos que irnos. Es entonces cuando intento alargarlo todo lo posible y me subo en tu moto para que me lleves a casa. Y es a la hora de despedirnos cuando se me cae el alma a los pies viendo cómo te marchas después de haberme dicho “ya nos veremos”.

No comments: