Entre tempestades ajenas llegó tu nombre en una danza del viento. Hiciste aparecer el sol en mitad de la noche helada. Ante los sueños de otros desafiaste a la suerte acercándote a lo prohibido mientras la luna se escondía para no molestar, y hasta los árboles se quedaron fascinados contigo.
De un día entero hacías un segundo, y de un fin de semana hiciste un suspiro. Hasta el tiempo corría para no vernos. Nos cayeron chaparrones y alguna que otra lágrima. Volvíamos a casa empapados después de desafiar al tiempo, al clima y a la suerte. Y sin escuchar a nadie seguimos corriendo a tanta velocidad que empezó a faltarnos el aire.
El deseo pudo con todo y a pesar de estar ahogándonos seguimos corriendo y bailando, gritándole al mundo cuánto nos amábamos y lo poco que nos importaban las dificultades. ¡Y qué carreras nos pegábamos! Le sacábamos la lengua a todo el que no creía en nosotros.
Las canciones sonaban al verte sonreír, los besos acallaban el miedo y el vértigo. Las caricias mataban cualquier duda y tus ojos... Tus ojos mantenían vivo mi mundo y tu mirada era la calma y el reposo después de un día de perros. Cuando se abrían por primera vez al despertar y me miraban, eran el presagio de un buen día.
De un día entero hacías un segundo, y de un fin de semana hiciste un suspiro. Hasta el tiempo corría para no vernos. Nos cayeron chaparrones y alguna que otra lágrima. Volvíamos a casa empapados después de desafiar al tiempo, al clima y a la suerte. Y sin escuchar a nadie seguimos corriendo a tanta velocidad que empezó a faltarnos el aire.
El deseo pudo con todo y a pesar de estar ahogándonos seguimos corriendo y bailando, gritándole al mundo cuánto nos amábamos y lo poco que nos importaban las dificultades. ¡Y qué carreras nos pegábamos! Le sacábamos la lengua a todo el que no creía en nosotros.
Las canciones sonaban al verte sonreír, los besos acallaban el miedo y el vértigo. Las caricias mataban cualquier duda y tus ojos... Tus ojos mantenían vivo mi mundo y tu mirada era la calma y el reposo después de un día de perros. Cuando se abrían por primera vez al despertar y me miraban, eran el presagio de un buen día.
Y cada día, tu nombre me lo bailaba el viento haciendo que bailara yo también. Yo, la bailarina frustrada bailé cada día a tu son.

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