Monday, October 19, 2009

Debió ser la nieve del cruel invierno o tu bufanda o esos abrazos interminables, lo que hizo que aquel invierno me temblara el corazón. Aquél invierno temblé de frío y te hice temblar a ti, que parecías tan duro, con tus barreras infranqueables. Tú siempre pendiente de dos, siempre tan cerca... Tú siempre tan perfecto y tan orgulloso de abrazarme por la calle. Me bailaste todas las noches de invierno y lo habrías hecho también las de verano si no te hubiera herido. Y en todas nuestras fotos ahora se me clava tu sonrisa perfecta, sincera, inocente, y duele tanto que apenas me queda piel sin cicatrices. Es un dolor que siempre tiene algo dulce, como tú: que siempre creaste en mí ese sentimiento de amor-odio por el que me he movido desde entonces.

No busco volver a tu invierno, ni a la nieve, ni a tu bufanda ni a tus abrazos aunque, a veces lo sueñe. Sólo busco olvidarte una vez más hasta el próximo cruce de miradas, que me cae como un cubo de hielo por la espalda que insensibiliza mis otras cicatrices con la dulzura que sólo tú podrías tener.

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